La pasada semana iniciábamos una serie de artículos relacionados con las lentes de contacto publicando un artículo dedicado principalmente a la higiene de las lentillas. En esta ocasión, hemos querido dirigir nuestra atención hacia la resolución de algunas dudas comunes referentes al uso de las lentes de contacto.

Horas de uso

A nivel general, nosotros recomendamos no utilizar las lemtillas más allá de 8-10 horas seguidas. Si se supera ese límite, los niveles de oxígeno en córnea disminuyen y pueden aparecer posibles complicaciones asociadas al uso de las lentillas.

Por la misma razón no se debe dormir con las lentes de contacto puestas, aunque sea solamente una siesta.

A la hora de usar lentilas, hay una serie de prevenciones que se deben considerarNo encuentro la lentilla… ¿y si está en el ojo?

Ante todo hay que mantener la calma. Si la lente de contacto se ha desplazado, lo que tendremos que hacer es quitarla.

En el caso de no poder localizar la lentilla, si cerramos el ojo y realizamos suavemente un palpado sobre los párpados, notaremos donde se encuentra desplazada la lente de contacto. Si es una lente de contacto blanda que se ha arrugado y cuesta mucho quitarla, recomendamos aplicar lágrima artificial o incluso solución única o salina dentro del ojo para realizar un lavado ocular. De esta forma se extraerá fácilmente.

Parece que la lentilla está rota. ¿Me la pongo igual?

Si las lentes de contacto presentan cualquier alteración o rotura, lo recomendable es dejar de utilizarlas y ponerse en contacto con el contactólogo para que asesore qué hacer en cada caso de forma individual.

¿Por qué no me puedo meter con las lentillas en la piscina o el mar?

Recomendamos evitar el uso de las lentes de contacto para bañarse. En caso de ser necesario, se debe utilizar siempre gafas de nadar o bucear para evitar el contacto directo del agua con las lentillas.

Molestias como el ojo rojo, escozor ocular y conjuntivitis son frecuentes en los entornos acuáticos. Además, los productos químicos presentes en el agua de las piscinas suelen ser el origen de algunas alteraciones oculares, pero también es muy importante la presencia de microorganismos como la Acanthomoeba, que puede producir úlceras corneales que dejan cicatrices permanentes.

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