En general, las alergias constituyen una respuesta exagerada de nuestro organismo frente a uno o varios agentes externos. Es decir, se trata de un mecanismo de defensa “normal” que se convierte en patológico cuando la reacción es desproporcionada frente a la agresión recibida.

Los estímulos que pueden desencadenar una alergia son muy diversos, tanto en sus características principales (vegetales, animales, sustancias químicas…) como en la manera de llegar al sujeto (vía cutánea, vía respiratoria, vía digestiva…). Algunos de los más frecuentes son ciertos tipos de plantas (gramíneas, platanero, olivo…), el polvo, el pelo de los animales, los ácaros, productos químicos, metales, alimentos… Resulta útil distinguir entre aquellos estímulos que están presentes siempre y, por lo tanto, producen síntomas todo el año (ácaros, polvo, metales…) y aquellos presentes sólo en algunas épocas del año, con síntomas que se repiten año tras año en las mismas épocas (gramíneas, platanero, determinados alimentos…).

Fig 1. Conjuntivitis alérgica aguda, con enrojecimiento difuso conjuntival.

Los síntomas que produce una alergia pueden ser muy variados y afectar a diferentes partes del cuerpo: reacciones cutáneas, secreción nasal acuosa, estornudos, irritación ocular, malestar general… En algunas ocasiones excepcionales pueden producir una reacción general muy grave, llamada shock anafiláctico, que incluso puede comprometer la vida de la persona que la padece si no se toman medidas de forma inmediata.

Fig 2. Secreción mucosa característica de algunas conjuntivitis alérgicas.

Conjuntivitis alérgica

A nivel ocular el cuadro más característico es la conjuntivitis alérgica. En estos casos se produce, sobre todo, enrojecimiento ocular, picor y lagrimeo en uno o, más frecuentemente, en ambos ojos. Las alergias son la causa más frecuente de picor ocular, especialmente cuando éste se produce de forma brusca o en un espacio corto de tiempo y se acompaña de otros síntomas extraoculares de alergia, como la secreción nasal acuosa, los estornudos o las reacciones cutáneas. En los casos más severos, además de la conjuntiva también puede afectarse la córnea, apareciendo una queratitis con síntomas como la fotofobia (molestia con la luz), el dolor ocular o la visión borrosa.

Es el oftalmólogo quien puede detectar en la consulta la presencia de algunos signos oculares que confirmarán la sospecha diagnóstica de conjuntivitis alérgica, lo que va a permitir hacer un tratamiento específico del problema.

Fig 3. Papilas conjuntivales en la conjuntiva tarsal de un paciente afecto de conjuntivitis alérgica severa.

En la mayoría de las ocasiones, especialmente en los casos más leves, resulta muy beneficiosa la aplicación de frío local, ya sea extraocularmente (bolsa de hielo sobre los ojos cerrados) o intraocularmente (suero fisiológico o lágrimas artificiales guardados previamente en nevera), por sus propiedades antiinflamatorias y vasoconstrictoras, sin efectos secundarios.

Fig 4. Enrojecimiento y signos inflamatorios que comprometen a los párpados y a la piel periocular de ambos ojos.

Dependiendo de la intensidad de los síntomas y de la frecuencia de aparición de los brotes, será suficiente el tratamiento oftalmológico local, con colirios antiinflamatorios o antihistamínicos, el tratamiento general con antihistamínicos, o deberemos recurrir al alergólogo/a para valorar otro tipo de terapias, como otros tratamientos orales o las vacunas de desensibilización.

Conclusiones

Se trata, en definitiva, de una enfermedad de todo el organismo que en muchas ocasiones afecta a los ojos. En la mayoría de los casos produce síntomas que resultan más molestos que graves para la salud ocular y que sólo excepcionalmente afecta a la visión. Una visita con el oftalmólogo/a nos ayudará a llegar al diagnóstico y a poder hacer un tratamiento adecuado.

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